San Agustín

“Amo una cierta luz, una voz, un perfume, un alimento, un abrazo que son la luz, la voz, el perfume, el alimento, y el abrazo del interior que hay en mí, donde ilumina mi alma una luz que ningún lugar puede albergar, donde suena una voz que el fluir de los siglos no puede llevarse, donde se derrama un perfume que ningún viento puede dispersar, donde se gusta un sabor que ninguna voracidad puede disminuir, donde se establece una relación que ninguna sociedad puede romper. Todo eso amo cuando amo a Dios.”

Cuenta tu jardín
por las flores
no por las hojas caídas.

Cuenta tus días

por los triunfos conseguidos
y no por las penas habidas.

Cuenta tus noches

por las estrellas
no por las sombras.

Cuenta tu edad

por lo que tienes en el corazón
y no por tus años.
Así es la cuenta de Dios.

 

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