CRÓNICAS DEL ÁNGEL GRIS, Alejandro Dolina

“Sus padres se enorgullecen y los exhiben entres sus familiares y conocidos, cuando no en el cine o la televisión. Me atrevo a pensar -sin embargo- que no toda precocidad es auspiciosa. Empecemos por decir que existen adultos bondadosos, agudos, valerosos o geniales. Y que también los hay mediocres, hipócritas, pomposos y canallas. El niño precoz recibe la visita anticipada de ciertos rasgos de la adultez. Algunos tocan el piano como expertos profesionales, otros aprenden lenguas, dibujan o poseen la ciencia. Pero hay chicos cuya precocidad consiste en adquirir antes de tiempo el tono vacío y protocolar de las conversaciones de sala de espera. Y aprenden a los seis años la torpe filosofía de los tontos satisfechos.

“Así anda el mundo, Doña Juana…” “Qué se gana discutiendo, Don josé…”

“Hablando se entiende la gente, Carlitos…”

También repiten el lenguaje de las revistas y hacen suyas las respuestas de los reportajes más vulgares. Por cierto, mucha gente cree que ésa es la sabiduría. Y yo digo que más sabios son los pibes indoctos que observan con repugnancia los diálogos de los parientes bien educados. Ojalá surjan muchos niños prodigio que se apropien del genio con impaciencia. Pero para ser un papanatas, me parece que no hay apuro.”

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